No es una novedad, pero sí una realidad cada vez más frecuente. Desde hace unos años han aumentado las noticias y las críticas sobre la realización de cirugía estética en adolescentes y jóvenes. Este fenómeno no debería  pasar desapercibido. De hecho, y según datos de la la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos y Reconstructivos (ASPS, de sus siglas en inglés), sólo en 2012 se realizaron más de 236,000 procedimientos cosméticos en pacientes de 19 años o menores al otro lado del Atlántico. Algunos de los  más comunes de Cirugía Plástica que los adolescentes eligen incluyen rinoplastias, corrección de orejas, reducción de senos o corrección de asimetrías en los mismos, así como reparación de cicatrices causadas por acné o lesiones.

Lo cierto es que este fenómeno ha creado un debate entre la comunidad científica internacional que parece coincidir en un punto esencial: La mayoría de los adolescentes buscan en la cirugía plástica la mejora de su apariencia o aumentar su autoestima y pese a que estas razones pueden ser similares a las que conducen a los adultos a las consultas de los cirujanos plásticos y reparadores, lo cierto es que en este sector de la población hay que asegurarse de que la toma de decisión sea por una decisión personal y no para cumplir las expectativas de los demás.

Los adolescentes recurren, por tanto, a la Cirugía Plástica por muchas razones. Una de ellas, conocida por los especialistas,  es que a estas edades tempranas la crueldad suele ser abrumadora. Por ejemplo, alguien le puede decir a un amigo: “Caramba, ¿viste la nariz de ese niño?”, sin pensar en el dolor que puede causar. Un bombardeo constante de comentarios crueles a menudo lleva a los adolescentes a desear adoptar medidas quirúrgicas. Pero estos menores también necesitan madurez emocional y apoyo familiar para superar lo que muchos consideran un procedimiento correctivo “menor”.

La verdad es que cualquier cirugía implica riesgo. Los adolescentes deben tener una comprensión realista del mismo y, sobretodo, de las  limitaciones de la propia Cirugía Plástica. Hay, por tanto, dos grupos de pacientes adolescentes que acuden a la consulta de Cirugía Plástica o Reparadora que deben ser tratados de forma diferente.

En los casos a favor

Un primero formado por niños y jóvenes afectados por una malformación genética o por variaciones estéticas que se salen de la “media” y que suponen un problema grave para su desarrollo personal y su sociabilización. En estos supuestos no hay duda de que se debe iniciar un plan tratamiento quirúrgico que en la mayoría de los casos está bien protocolizado. Casos como padecer labio leporino. Pacientes que son intervenidos de la hendidura del labio y posteriormente del paladar en los primeros meses de vida. También son operados de rinoplastia en las primeras etapas de la niñez  y durante la adolescencia, a veces en varias ocasiones. El calendario de actuación está bien establecido en los protocolos y busca la rápida adquisición del habla normal, la socialización del niño y la llegada a la edad adulta con los mínimos estigmas posibles.

Otro ejemplo: un gran número de menores con orejas prominentes son operados en la infancia. El tamaño del pabellón auricular en un niño de 7 años es el 80% de un adulto. Puede llevarse a cabo la intervención sin afectar a la forma o al desarrollo final de la oreja y conseguir así  la solución de un problema que desgraciadamente en buena parte de los casos va asociado al acoso escolar, al “Bullying”, del menor. La edad de intervención se personaliza en función de la problemática el niño. Si es posible, se puede retrasar a los 10- 11 años, porque pueden tolerar una intervención bajo anestesia local.

Asimismo, algunas intervenciones mamarias pueden estar justificadas en las menores de edad. La menarquia  (primera menstruación) es un dato clave de la historia clínica que permite valorar el tiempo que el organismo lleva bajo el estímulo hormonal de una mujer endocrinológicamente adulta. Es posible que una niña que menstruó a los 9 años no tenga ya más cambios en sus mamas  a partir de los 16-17 años y pueda someterse a una cirugía de reducción de unas mamas de gran tamaño. Igualmente, una que menstrúa a los 15 y no ha desarrollado las mamas a los 16 no es candidata a una cirugía de aumento de pecho.

Todo ello conduce a una conclusión que ya sospechábamos: la Cirugía Plástica  no es un producto que se pueda consumir, regalar… sino que es una actividad Médica, que se desarrolla en cinco etapas:  elaborar de una Historia Clínica, realizar una Exploración Física, prescribir unas Pruebas Complementarias, establecer un Diagnóstico, emitir un Pronóstico e indicar y ejecutar un Intervención Quirúrgica.
Los adolescentes estudiados con rigor sí pueden beneficiarse de una intervención de Cirugía Plástica, cuando en verdad hay una indicación médica que lo justifica.

Los casos que deben ser rechazados

Sin embargo, existe un segundo grupo formado por adolescentes y menores de edad que demandan una intervención de Cirugía Estética. Salvo en casos puntuales, la norma es no operar hasta que el paciente alcance una madurez física y psíquica imprescindible para tomar estas decisiones y asumir sus consecuencias. La colaboración con los padres es crucial para posponer la intervención, manteniendo un calendario de consultas periódicas, que sirven de apoyo al adolescente y evalúan la progresión del grado de maduración.  Así, como norma general, la cirugía facial debe posponerse a los 18 años en las mujeres y a los 20-21 años en los hombres, edad en la que cesa el crecimiento del esqueleto facial.

La cirugía de la mama, por ejemplo, debe indicarse cuando cesa la ganancia de peso que se produce después de la adolescencia. Lo razonable es esperar a los 19-20 años, aunque en chicas con aplasia severa de las mamas, las mismas tendrán el mismo tamaño a los 17 que a los 20 años. En esta situación es posible que los beneficios superen a los inconvenientes.  De igual forma, en chicas jóvenes con gigantomastia, no estaría justificado posponer la intervención.
En cuanto a las liposucciones en adolescentes, hay que ser más restrictivo pues el depósito de grasa femenina y la estabilización del índice de masa corporal (IMC), no se completa hasta los 21-22 años. Los jóvenes con trastornos alimentarios como la bulimia, anorexia, por supuesto, no son candidatos a la liposucción.

Elección del especialista
También es importante elegir el cirujano adecuado. Es importante poner todos estos casos enumerados en manos de equipos multidisciplinares que asesoren correctamente a las familias sobre la verdadera necesidad y trascendencia que lleva a cabo o no la intervención en función de la historia clínica del menor y su estado psicológico. Desde nuestro centro, invitamos a todos ellos a no temer realizar una consulta para lograr un asesoramiento científico adecuado y el acompañamiento necesario en todo el proceso.

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